Cosas que leo #123:

    El 19 de marzo y el 2 de mayo, Benito Pérez Galdós

    «Pujitos era lo que en los sainetes de Don Ramón de la Cruz se señala con la denominación de majo decente, es decir, un majo que lo era más por afición que por clase; personaje sublimado por el oficio de obra prima, el de carpintero o el de platero y que no necesitaba vender hierro viejo en el Rastro, ni acarrear aguas de las fuentes suburbanas, ni cortar carne en las plazuelas, ni degollar reses en el matadero, ni vender aguardientes en Las Américas, ni machacar cacao en Santa Cruz, ni vender torrados en la verbena de San Antonio, ni lavar tripas allá por el Portillo de Gilimón, ni freír buñuelos en la esquina del hospital de la V. O. T., ni menos se degradaba viviendo holgadamente a expensas de una mondonguera o castañera, o de alguna de las muchas Venus salidas de la jabonosa espuma del Manzanares. Pujitos estaba con un pie en la clase media: era un artesano honrado, un hábil maestro de obra prima; pero tan hecho desde su tierna y bulliciosa infancia a las trapisondas y jaleos manolescos, que ni en el traje ni en las costumbres se distinguía de los famosos Tres Pelos, el Ronquito, Majoma y otras notabilidades de las que frecuentemente salían a visitar las cortes y sitios reales de Ceuta, Melilla, etc…

    Pujitos era español. Como es fácil de comprender, tenía su poco de imaginación, pues alguno de los granos de sal, pródigamente esparcidos por mano divina sobre esta tierra, había de caer en su cerebro. No sabía leer y tenía ese don particular, también español neto, que consiste en asimilarse fácilmente lo que se oye, pero exagerando o trastornando de tal manera las ideas, que las repudiaría el mismo que por primera vez las echó al mundo. Pujitos era además bullanguero, de esos que en todas épocas se distinguen, por creer que los gritos públicos sirven de alguna cosa; gustaba de hablar cuando le oían más de cuatro personas, y tenía todos los marcados instintos del personaje de club; pero entonces no había tales clubs ni milicias nacionales, fue preciso que pasaran catorce años para que Pujitos entrara con distinto nombre en el uso pleno de sus extraordinarias facultades. Setenta años más tarde, Pujitos hubiera sido un zapatero suscrito a dos o tres periódicos, teniente de un batallón de voluntarios, vicepresidente de algún círculo propagandista, elector diestro y activo, vocal de una comisión para la compra de armas, inventor de algún figurín de uniforme; hubiera hablado quizás del derecho al trabajo y del colectivismo, y en vez de empezar sus discursos así: “Jeñores: Denque los güenos españoles…” los comenzaría de este otro modo: “Ciudadanos: A la raíz de la revolución…”

    Pero entonces no se había hablado de los derechos del hombre, y lo poco que de la soberanía nacional dijeron algunos no llegó a las tapiadas orejas de aquel personaje; ni entonces había asociaciones de obreros, ni había periódicos, ni más discursos que los de la Academia, por cuyas razones Pujitos no era más que Pujitos...»

    Nº de páginas: 248

    Editorial: ALIANZA EDITORIAL

    Idioma: CASTELLANO


    Cosas que leo #122:

    La corte de Carlos IV, Benito Pérez Galdós

    «Amaranta era un tipo enteramente contrario a Lesbia. Ésta agradaba, pero Amaranta entusiasmaba. La apacible y graciosa hermosura de la primera hacía pasajeramente felices a cuantos la veían. La belleza ideal y grandiosa de la segunda causaba un sentimiento extraño, parecido a la tristeza. Pensando en esto después, he creído que la singular estupefacción que experimentamos ante uno de estos raros portentos de la hermosura humana consiste, o en la creencia de nuestra inferioridad, o en la poca esperanza de poseer el afecto de una persona que por sus muchas perfecciones será solicitada de sinnúmero de golosos.

    Entre las mujeres que he visto en mi vida, no recuerdo otra que poseyera atracción tan seductora en su semblante; así es que no he podido olvidarla nunca, y siempre que pienso en las cosas acabadas y superiores, cuya existencia depende exclusivamente de la Naturaleza, veo su cara y su actitud como intachables prototipos que me sirven para mis comparaciones. Amaranta parecía tener treinta años. La gloria de haber producido a tal mujer pertenece en primer término a ti, Andalucía, y después, a ti, Tarifa, fin de España, rincón de Europa donde se han refugiado todas las gracias del tipo español, huyendo de extranjera invasión...»

    Nº de páginas: 256

    Editorial: ALIANZA EDITORIAL

    Idioma: CASTELLANO


    Cosas que leo #121:

    Trafalgar, Benito Pérez Galdós

    «Se me permitirá que antes de referir el gran suceso del que fui testigo, diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible catástrofe de nuestra Marina.

    Al hablar de mi nacimiento, no imitaré a la mayor parte de los que cuentan hechos de su propia vida, quienes empiezan nombrando su parentela, las más veces noble, siempre hidalga por lo menos, si no se dicen descendientes del mismo Emperador de Trapisonda. Yo, en esta parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos; y fuera de mi madre, a quien conocí por poco tiempo, no tengo noticia de ninguno de mis ascendientes, si no es por Adán, cuyo parentesco me parece indiscutible…»

    Nº de páginas: 184

    Editorial: ALIANZA EDITORIAL

    Idioma: CASTELLANO