
«…por una mujer se encienden guerras, y dos naciones se destrozan por un beso…»
Nº de páginas: 336
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
guionista
Cosas que leo #134:
La batalla de los Arapiles, Benito Pérez Galdós
«…por una mujer se encienden guerras, y dos naciones se destrozan por un beso…»
Nº de páginas: 336
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Cosas que leo #132:
Cádiz, Benito Pérez Galdós
«En una mañana del mes de Febrero de 1810 tuve que salir de la Isla, donde estaba de guarnición, para ir a Cádiz, obedeciendo a un aviso tan discreto como breve que cierta dama tuvo la bondad de enviarme. El día era hermoso, claro y alegre cual de Andalucía, y recorrí con otros compañeros, que hacia el mismo punto si no con igual objeto caminaban, el largo istmo que sirve para que el continente no tenga la desdicha de estar separado de Cádiz; examinamos al paso las obras admirables de Torregorda, la Cortadura y Puntales, charlamos con los frailes y personas graves que trabajaban en las fortificaciones; disputamos sobre si se percibían claramente o no las posiciones de los franceses al otro lado de la bahía; echamos unas cañas en el figón de Poenco, junto a la Puerta de Tierra, y finalmente, nos separamos en la plaza de San Juan de Dios, para marchar cada cual a su destino. Repito que era en Febrero, y aunque no puedo precisar el día, sí afirmo que corrían los principios de dicho mes, pues aún estaba calentita la famosa respuesta: ‘La ciudad de Cádiz, fiel a los principios que ha jurado, no reconoce otro rey que al señor D. Femando VII. 6 de Febrero de 1810′.»
Nº de páginas: 288
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Cosas que leo #131:
Gerona, Benito Pérez Galdós
«En esto llegó junto a mí D. Pablo Nomdedeu, que se había separado un poco de la comitiva.
—¡Comer madera! —exclamó—. Eso se dice, pero no se hace. Andrés, me alegro de verte por aquí. ¿Cómo estás, y Siseta y los chicos?
Aunque empezaba a extinguirse en mi alma el resentimiento, amenacé con el puño a Nomdedeu.
—¡Ah, todavía me guardas rencor por lo de esta mañana! —dijo—. Andresillo, en estos casos no es uno dueño de sí mismo. Yo me espantaba entonces y me he espantado después de encontrarme tan bárbaro y salvaje. Se trata de vivir, Andrés, y el pícaro instinto de conservación hace que el hombre se convierta en fierecita. Que yo sea capaz de matar a un semejante, es cosa que no se comprende; ¿no es verdad? ¡Ay, amigo mío! La idea de que mi hija me pide de comer y no puedo darle nada, ahoga en mí el patriotismo, el pensamiento, la humanidad, trocándome en una bestia. Andrés, no somos más que miseria. Indigno linaje humano, ¿qué eres? Un estómago y nada más. Se avergüenza uno de ser hombre, cuando llegan estos casos en que todas las relaciones sociales desaparecen y reina la Naturaleza pura. Pero estoy viendo que el número de heridos es inmenso. Hoy hemos estado haciendo el recuento de medicinas, y no hay ni para la décima parte en un solo día. ¿A dónde vamos a parar? ¿Es posible que esto se prolongue? No, no puede ser. Mira qué horroroso aspecto presenta la gradería cubierta de cuerpos humanos.»
Nº de páginas: 224»
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Cosas que leo #130:
Zaragoza, Benito Pérez Galdós
« —Antes te diré otra cosa, y es que allí vive el tío Candiola. ¿Tú sabes quién es el tío Candiola? Pues es un vecino de Zaragoza, hombre que según dicen, tiene en su casa un sótano lleno de dinero. Es avaro y usurero y cuando presta saca las entrañas. Sabe de leyes, y moratorias y ejecuciones más que todo el Consejo y Cámara de Castilla. El que se mete en pleito con él está perdido. Es riquísimo.
—De modo que la casa del portalón pintado de color de chocolate será un magnífico palacio.
—Nada de eso: verás una casa miserable, que parece se está cayendo. Te digo que el tío Candiola es avaro. No gasta un real aunque lo fusilen, y si le vieras por ahí, le darías una limosna. Te diré otra cosa, y es que en Zaragoza nadie le puede ver, y le llaman tío Candiola por mofa y desprecio de su persona. Su nombre es D. Jerónimo de Candiola, natural de Mallorca, si no me engaño.
—Y ese tío Candiola tiene una hija.
—Hombre, espera. ¡Qué impaciente eres! ¿Qué sabes tú si tiene o no tiene una hija? —me dijo, disimulando con estas evasivas su turbación—. Pues como te iba contando, el tío Candiola es muy aborrecido en la ciudad por su gran avaricia y mal corazón. A muchos pobres ha metido en la cárcel después de arruinarlos. Además en el otro sitio no dio un cuarto para la guerra, ni tomó las armas, ni recibió heridos en su casa, ni le pudieron sacar una peseta, y como un día dijera que a él lo mismo le daba Juan que Pedro, estuvo a punto de ser arrastrado por los patriotas.
—Pues es una buena pieza el hombre de la casa de la huerta del portalón color de chocolate. ¿Y si cuando arroje la piedra a la ventana, sale el tío Candiola con un garrote y me da una solfa por hacerle chicoleos a su hija?
—No seas bestia, y calla. ¿No sabes que desde que oscurece, Candiola se encierra en un cuarto subterráneo y se está contando su dinero hasta más de medianoche? ¡Bah! Ahora va él a ocuparse… Los vecinos dicen que sienten un cierto rumorcillo o sonsonete como si estuvieran vaciando sacos de onzas.»
Nº de páginas: 240
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Cosas que leo #125:
Napoleón en Chamartín, Benito Pérez Galdós
«—No es suicidio, no. La ley ineludible de la Patria me ha puesto en un lugar que debo defender, aun a costa de la vida. ¿Qué vienen fuerzas superiores? ¡Pues que vengan! La Patria me manda esperar tranquilo, y la Ley me veda el apartar los pies de aquel sitio. ¿No morirían los mártires por la Religión? Pues la Patria es una segunda religión, y antes que faltar a su ley, el hombre debe morir. ¿Y qué es la muerte? Los necios se asustan de la muerte, porque la muerte les quita el comer y el gozar. ¡Mentecatos! ¿Por ventura no son mejor comida y mejor goce los de la bienaventuranza eterna? Ve ahí a mi esposa. Cierto que me aflige dejarla; pero sé que la perderé de vista tan sólo por algún tiempo, y que sus virtudes la llevarán luego a donde la tenga delante de mis ojos durante eternidades, sin cuya compañía creo que el mismo Cielo me sería fastidioso. ¡Morir! ¡Ahí es gran cosa morir, y apañado tienes el ojos! ¿Pues acaso el morir es mal que puede compararse siquiera al dolor de un rasguño recibido en la Tierra? Y si el morir no es nada para el miserable cuerpo, ¡cuan grande y fausto suceso no es para nuestra alma, mayormente si por la nobleza de nuestro fin nos empingorotamos sobre todas las cosas nacidas! ¡Morir por la Patria; morir en el puesto que a uno le marca su deber; morir no por conquistar un pedazo de tierra, ni por un cacho de pan, ni por una baja ambición, sino por una cosa que no se ve ni se toca, cual es una idea y un sentimiento puro! ¿No es equipararnos a los santos del Cielo y acercarnos a Dios todo lo que acercarse puede una criatura?»
Nº de páginas: 272
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Cosas que leo #122:
La corte de Carlos IV, Benito Pérez Galdós
«Amaranta era un tipo enteramente contrario a Lesbia. Ésta agradaba, pero Amaranta entusiasmaba. La apacible y graciosa hermosura de la primera hacía pasajeramente felices a cuantos la veían. La belleza ideal y grandiosa de la segunda causaba un sentimiento extraño, parecido a la tristeza. Pensando en esto después, he creído que la singular estupefacción que experimentamos ante uno de estos raros portentos de la hermosura humana consiste, o en la creencia de nuestra inferioridad, o en la poca esperanza de poseer el afecto de una persona que por sus muchas perfecciones será solicitada de sinnúmero de golosos.
Entre las mujeres que he visto en mi vida, no recuerdo otra que poseyera atracción tan seductora en su semblante; así es que no he podido olvidarla nunca, y siempre que pienso en las cosas acabadas y superiores, cuya existencia depende exclusivamente de la Naturaleza, veo su cara y su actitud como intachables prototipos que me sirven para mis comparaciones. Amaranta parecía tener treinta años. La gloria de haber producido a tal mujer pertenece en primer término a ti, Andalucía, y después, a ti, Tarifa, fin de España, rincón de Europa donde se han refugiado todas las gracias del tipo español, huyendo de extranjera invasión...»
Nº de páginas: 256
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Cosas que leo #121:
Trafalgar, Benito Pérez Galdós
«Se me permitirá que antes de referir el gran suceso del que fui testigo, diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible catástrofe de nuestra Marina.
Al hablar de mi nacimiento, no imitaré a la mayor parte de los que cuentan hechos de su propia vida, quienes empiezan nombrando su parentela, las más veces noble, siempre hidalga por lo menos, si no se dicen descendientes del mismo Emperador de Trapisonda. Yo, en esta parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos; y fuera de mi madre, a quien conocí por poco tiempo, no tengo noticia de ninguno de mis ascendientes, si no es por Adán, cuyo parentesco me parece indiscutible…»
Nº de páginas: 184
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO