Cosas que leo #135:

    La trilogía de Nueva York, Paul Auster

    La ciudad de cristal

    «—Sí. Un lenguaje que al fin dirá lo que tengamos que decir. Porque nuestras palabras ya no se corresponden con el mundo. Cuando las cosas estaban enteras nos sentíamos seguros de que nuestras palabras podían expresarlas. Pero poco a poco estas cosas se han partido, se han hecho pedazos, han caído en el caos. Y sin embargo nuestras palabras siguen siendo las mismas. No se han adaptado a la nueva realidad. De ahí que cada vez que intentamos hablar de lo que vemos, hablemos falsamente, distorsionando la cosa misma que tratamos de representar. Esto ha hecho que todo sea confusión y desorden. Pero las palabras, como usted comprende, son susceptibles de cambio. El problema es cómo demostrarlo. Por eso trabajo ahora con los medios más simples, tan simples que hasta un niño pueda comprender lo que digo. Considere una palabra que remite a una cosa: paraguas, por ejemplo. Cuando digo la palabra paraguas, usted ve el objeto en su mente. Ve una especia de bastón con radios metálicos plegables en la parte superior que forman una armadura para una tela impermeable, la cual, una vez abierta, le protegerá de la lluvia. Este último detalle es importante. Un paraguas no sólo es una cosa, es una cosa que cumple una función; en otras palabras, expresa la voluntad del hombre. Cuando uno se para a pensar en ello, todos los objetos son semejantes al paraguas, en el sentido que cumplen una función. Ahora, mi pregunta es la siguiente: ¿qué sucede cuando una cosa ya no cumple su función? ¿Sigue siendo la misma cosa o se ha convertido en otra? Cuando arrancas la tela del paraguas, ¿el paraguas sigue siendo un paraguas? Abres los radios, te los pones sobre la cabeza, caminas bajo la lluvia, y te empapas. ?¿Es posible continuar llamando a ese objeto un paraguas? En general, la gente lo hace. Como máximo, dirán que el paraguas está roto. Para mí eso es un serio error, la fuente de todos nuestros problemas. Puesto que ya no cumple su función, el paraguas a dejado de ser un paraguas, puede que haya sido un paraguas, pero ahora se ha convertido en otra cosa. La palabra, sin embargo, sigue siendo al misma. por loo tanto, ya no puede expresar la cosa. Es imprecisa; es falsa; oculta aquello que debería revelar. Y si ni siquiera podemos nombrar un objeto corriente que tenemos entre las manos, ¿cómo podemos esperar hablar de las cosas que verdaderamente nos conciernen? A menos que podamos comenzar a incorporar la noción de cambio a las palabras que usamos, continuaremos estando perdidos…»

    Fantasmas

    «De ser así, ¿qué están haciendo? Nada muy terrible, en última instancia; por lo menos no en un sentido absoluto. Han obligado a Azul a no hacer nada, a estar tan inactivo que su vida se reduce hasta casi no ser una vida. Sí, se dice Azul, eso es lo que parece: nada en absoluto. Se siente como un hombre que ha sido condenado a sentarse en una habitación y a continuar leyendo un libro durante el resto de su vida. Es bastante extraño, estar vivo solo a medias en el mejor de los casos, ver el mundo sólo a través de las palabras, vivir sólo a través de la vida de los otros. Pero si el libro fuera interesante, quizás no sería tan malo. Podría dejarse atrapar en la historia, por así decirlo, y poco a poco empezaría a olvidarse de sí mismo. pero ese libro no le ofrece nada. No hay argumento, ni trama, ni acción, únicamente un hombre sentado solo en un cuarto escribiendo un libro. Azul comprende que eso es todo lo que hay, y ya no quiere participar en ello. Pero ¿cómo salir? ¿Cómo salir de la habitación que es el libro que continuará escribiéndose mientras él siga en la habitación?»

    La habitación cerrada

    «Sin embargo, Sophie siguió esperando que sucediera algo. Había leído que había casos de amnesia, y durante algún tiempo esa idea se apoderó de ella como una posibilidad desesperada: imaginaba a Fanshawe deambulando por algún lugar sin saber quién era, privado de su vida pero vivo de todas formas, quizá a punto de volver a ser él en cualquier momento. Pasaron más semanas y luego el final de su embarazo comenzó a acercarse. Faltaba menos de un mes para que naciera su hijo —lo cual significaba que podía ocurrir en cualquier momento— y poco a poco el niño no nacido empezó a ocupar todos sus pensamientos, como si ya no hubiera sitio dentro de ella para Fanshawe. Éstas fueron las palabras que utilizó para describir su sentimiento —no hubiera sitio dentro de ella—, y luego dijo que probablemente eso significaba que a pesar de todo estaba enfadada con Fanshawe, enfadada con él por haberla abandonado, aunque no fuese culpa suya. Esta afirmación me pareció brutalmente honesta. Nunca había oído a nadie hablar así de sus sentimientos personales —tan despiadadamente, con tanto desdén por las mojigaterías convencionales—, y al escribir esto ahora me doy cuenta de que incluso aquel primer día yo había caído en un hoyo en la tierra, que estaba resbalando hacia un lugar donde no había estado nunca antes..»

    Nº de páginas: 360

    Editorial: SEIX BARRAL

    Traducción: MARIBEL DE JUAN GUYATT

    Idioma: CASTELLANO