Cosas que leo #126:

    Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez

    «La casa renacía de sus cenizas y yo navegaba en el amor de Delgadina con una intensidad y una dicha que nunca conocí en mi vida anterior. Gracias a ella me enfrenté por primera vez con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco.»

    Nº de páginas: 124

    Editorial: DEBOLSILLO

    Idioma: CASTELLANO


    Cosas que leo #98:

    La ciudad y los perros, Mario Vargas Llosa

    «—Cuatro —dijo el Jaguar.
    Los rostros se suavirazon en el resplandor valicalnte que el globo de luz difundía por el recinto, a través de escasas partículas limpias de vidrio: el peligro habñia desaparecido para todos, salvo para Porfirio Cava. Los dados estaban quietos, marcaban tres y uno, su blancura contrastaba con el suelo sucio.
    —Cuatro —repitió el Jaguar—. ¿Quién?
    —Yo —murmuró Cava—. Dije cuatro.
    —Apúrate —replicó el Jaguar—. Ya sabes, el segundo a la izquierda.
    Cava sintió frío. Los baños estaban al fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas, En años anteriores, el invierno solo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón del colegio se libraba del viento, que, en las noches, conseguía penetrar hasta los baños, disipar la hediondez acumulada durante el día y destruir su atmósfera tibia. Pero Cava había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel.»

    Nº de páginas: 448

    Editorial: DEBOLSILLO

    Idioma: CASTELLANO