Cosas que leo #128:

    Hijos del fútbol, Galder Reguera

    «Dejé el fútbol de lado. Aparqué mi yo-hincha para poder llegar a mirar las cosas de arriba, intentando evitar la tentación siempre presente de volver de nuevo la cabeza hacia la cueva. Me decía que la realidad estaba ahí fuera, cruel, aplastante, inapelable. Distraerse de ella era un pecado, una traición, y no sólo traicionaba a quien tanto había querido, sino a todos los que morían cada día, a la gente que sufría. Una traición, en definitiva, a lo que de humano tiene este mundo, una traición a la realidad.

    A veces, cuando canto a mis hijos a modo de nana los versos de Antonio Machado Era un niño que soñaba, al llegar a la estrofa «se puso el niño muy serio pensando que no es verdad un caballito soñado y ya no volvió a soñar», recuerdo aquella época en la que negué mi mayor pasión. Además, había cambiado de identidad no hacía mucho. Empezaba a ser un adolescente rebelde, y en aquel nuevo autorretrato que me estaba haciendo, el fútbol ya no tenía lugar.

    Sin embargo, todo aquello duró relativamente poco. Quizás mucho tiempo para un niño, pero poco para una vida. Un día regresó mi obsesión por el fútbol. Y como en las dietas relámpago, con efecto rebote. Muchas más enfermo, si cabe, que antes…»

    Nº de páginas: 272

    Editorial: SEIX BARRAL

    Idioma: CASTELLANO


    Cosas que leo #91:

    Ruido de fondo, David Gistau

    «Al despertar, me encontré el gato muerto en la cocina. Casi lo pisé, prque todo me lo desenfocaba aún el sueño. Estaba tieso junto al cagadero, comi si lo hubieran clavado en una brocheta, y en chacado en el jugo de su último pis. Un asco. Le tuve rencor porque supe que haría de llevarlo a alguna parte. Que Paula querría algo más digno que el contendor de la basura, algo así como enterrarlo metido en una caja de zapatos de Manolo Blahnik a la sombra de algún árbol del valle de Lozoya con unas palabras de despedida y, si de ella dependiera, hasta con gaiteros y salvas al aire. Y entonces yo ya no podía cumplir esa mañana con la disciplina de las cuatro horas de escritura que me impongo después de preparar café y antes de afeitarme siquiera y que me hace sentir culpable si la abandono, aunque sea por un solo día y con un gato muerto en la cocina…»

    Nº de páginas: 208

    Editorial: B DE BOLSILLO

    Idioma: CASTELLANO