«Antes de mudarse a la calle Ministro Calderón, donde reabrió más grande y suntuoso en 2004 bajo otro nombre, el Vía Libre era el puterío más chico del mundo, el más emblemático de Las Heras y, por fuera, todo un cliché: paredes descascaradas y un farolito rojo temblando con el viento. Eran las dos de la mañana. Al otro lado de la calle estaban las vías muertas y, unos cien metros más allá, el cementerio. La argentinidad, pensé, es muchas cosas pero sobre todo ese gusto por poner las cosas del coger y del morir tan cerca la una de la otra. Aquí se coge, aquí se muere, y en el medio la vida, aunque allí estaba —y ya no está— el ferrocarril.»
«Pero, al igual que con los astros, la coyuntura orienta, no determina. Y aunque Julio haya tenido suerte, puede pensarse que también en mala suerte tuvo ración extra: accidentes y enfermedades graves en la juventud, por ejemplo. Uno de sus primeros apoyos en el mundo del disco, Enrique Martín Garea, contó que, en última instancia, lo diferencial en Julio eran unas aplastantes ganas de triunfar, pero ¿no las tendrían también otros? Al final, solo el éxito se explica a sí mismo. Y en ese éxito lo único imprescindible era él. Y quizás las personas, empezando por su padre, que tanto le ayudaron a lograrlo supieron olfatear eso mismo: esa gracia infusa, ese carisma elusivo por el cual usted y yo entramos en un cuarto y parecemos un aparador y entra Julio Iglesias y se lleva las miradas y despierta las sonrisas […]. Hay algo en su declinar, por tanto, que conicnde con el nuestro, y este libro queire también ser un homenaje a aquella ligereza, a aquella alegría, a aquella inocencia. Es posible que con otros cantantes quisiéramos cambiar el mundo, pero con los años llegamos a preguntarnos si no era más honesto limitarse, como Iglesias, a hacer feliz a la gente en las bodas.»
Devorado en tres días -casi el mismo periodo de tiempo que David Jiménez estuvo al frente del diario El mundo-, más que interesante crónica del que fuera director de uno de los periódicos más importantes de España.
Le sobra honestidad, lo que se agradece. Muy recomendable.